lunes, 20 de julio de 2015

SIMEONE TOMA EL MANDO DEL ATLÉTICO

El regreso a la élite del fútbol, tras el traumático descenso fue complicado para el club del Manzanares. Deambulo unos años en tierra de nadie de la tabla clasificatoria, sin peligro de descenso, pero mirando de lejos la cabeza de la Liga. Apenas Fernando Torres aportaba esperanza a la inasequible afición colchonera, hasta que el madrileño ,viendo que el futuro deportivo era mas bien escaso, pidió ser traspasado. Con los casi 40 millones que pagó el Liverpool, el Atlético financió la compra de un gran delantero, Forlán, que unido a el jovencísimo Agüero, estrella emergente del fútbol argentino fichado un año antes, incrementaron la competitividad de los rojiblancos que volvieron a Europa siendos cuartos en 2008 y 2009.
En la temporada 2009-10, un nuevo cambio en el banquillo llevó a Quique Sánchez Flores al inestable puesto de entrenador colchonero. Con el soporte de sus peligrosas puntas se plantó en dos finales: ganó la Europa League en Hamburgo al Fulham inglés, acabando así con un sequía de 14 años y perdió la Copa contra el Sevilla en Barcelona. Parecía que la senda de los éxitos volvía al Calderón pero el año siguiente no consolidó la mejora: apenas una clasificación in extremis para la Europa League.
Agüero y De Gea (joven portero de la cantera convertido en revelación) siguieron el camino de tantos: emigraron a la Premier en busca de mejores contratos y posibles títulos que el Atlético no parecía en condiciones de ofrecer. Enrique Cerezo, Presidente, y Miguel Angel Gil, Director General, seguían en el ojo del huracán: la afición les identificaba con el negro periodo del gilismo y buena parte de ella les consideraba los únicos culpables de la irregularidad atlética que provocaba la huida permanente de sus figuras.
Para la siguiente temporada cambio el staff técnico; Jose Luis Caminero, vieja estrella de los 90, asumía la Secretaría Técnica y se hicieron varias incorporaciones: el turco Arda Turan, el brasileño Miranda, el centrocampista también carioca Diego Rivas en calidad de cedido y ante la presión social por la venta de Agüero, se adquirieron los servicios del destacado delantero colombiano del Oporto ,Falcao, a través de una complicada operación con fondos de inversión y se consiguió del Chelsea la cesión del joven portero belga Courtois. La economía seguía siendo precaria y no se podía acceder a los grandes nombres del mercado; las incorporaciones mas destacadas tenían un aire transitorio, ya que eran o bien cesiones o fichajes de financiación heterodoxa.
Quedaba la elección del entrenador. Se iniciaron conversaciones con Joaquín Caparrós,  pero a técnico andaluz se le requirió que cambiase de representante como condición para fichar por el Atlético a lo que el mismo se negó. Ese mismo representante, Gracía Quilón, que por aquel entonces movía los hilos de las contrataciones en el Calderón ofreció a otro representado suyo, Gregorio Manzano, que finalmente fue el seleccionado. No fue una contratación del agrado del aficionado; Manzano ya dirigió al equipo en la campaña 2003-04, sin mucho relumbrón y con el estigma de haber marginado a Movilla, un centrocampista resultón y muy atlético , que tuvo que emigrar ante la falta de oportunidades.
El comienzo, para variar, fue pobre. Pese a contar con una plantilla prometedora los resultados eran malos y algunos jugadores como José Antonio Reyes, hacían desplantes al técnico sin rubor alguno, era evidente que Manzano no daba con la tecla. Pasaban las jornadas y la cosa no mejoraba, mas bien empeoraba. Tras ser goleado en Montjuit (4-2) y perder en casa ante el Betis (0-2), la parte baja de la clasificación asediaba y los viejos fantasmas del año 2000 se aparecían de nuevo. Pero quizá lo mas sangrante fue una pancarta con el la que fue recibido en equipo en Chamartín: “Se busca rival digno para jugar derby en la capital” y es que eran nada menos que 13, los años que llevaba el Atlético sin ganarle al Madrid. Manzano se sostenía con respiración asistida, pero un ridículo en la Copa del Rey selló su destino. Ante un 2ªB, el Albacete, el Atleti perdió los dos choques y la afición volvió hacia el palco pidiendo dimisiones y responsabilidades.
Gil y Cerezo estaban acorralados y miraron a Argentina en busca de un catalizador de la crispación existente. Manzano fue destituido y se anunció la contratación de Diego Pablo Simenone, uno de los jugadores que mas huella dejó en la historia de equipo pese a sólo jugar tres temporadas, por su coraje y tesón; uno de los héroes del doblete del 96, al que contribuyó decisivamente.

Simeone había dejado las botas y se había convertido en entrenador con resultados notorios en Argentina en equipos como Estudiantes y Racing de Avellaneda, en los que consiguió los torneos de Apertura y Clausura. Su salto a Europa en el modesto Catania de la Serie A italiana no había sido tan afortunado pero desde hace años estaba en las quinielas para el banquillo del Manzanares. Cuestiones futbolísticas aparte era una referente emocional, un ídolo de una afición harta de decepciones y un excelente pararrayos para una directiva a la que le acababan las excusas. En no pocos mentideros su fichaje se vio mas como una cortina de humo que una selección basada en criterios objetivos.
Nada mas llegar señaló lo que esperaba de su equipo: lucha, entrega y contragolpe; un guiño histórico a la tradición de los mejores años del club. Su debut en Málaga en La Rosaleda dejó un empate a cero y una imagen de equipo rocoso y organizado, aunque sin mucha mordiente. Fue poco a poco remontado posiciones en la Liga, aunque el tren de la Champions se había adelantado demasiado. Pero quedaba la Europa League, una competición a doble partido que se adecuaba a las características de equipo aguerrido que buscaba el “Cholo”, como popularmente se le conoce. Pasó por encima del Lazio, Besiktas, Hannover 96 y Valencia en semifinales y se clasificó para la final en Bucarest ante el Athletic de Bilbao, que de la mano de otro argentino Marcelo Bielsa, había sido la sensación de la competición eliminando de forma muy brillante a Manchester United y Sporting de Lisboa entre otros.
 El 9 de mayo de 2012 los dos atléticos se vieron las caras. Los pronósticos apuntaban a un pequeño favoritismo bilbaíno, por el juego ofensivo desplegado por los Llorente, Javi Martinez o Ander Herrera entre otros. Pero desde el pitido inicial los madrileños fueron un bloque de hormigón que no dejo opciones a los vascos. Con un fabuloso Falcao, autor de dos goles memorables en el primer tiempo, y un admirable trabajo de todo el equipo en cuanto a anticipación, intensidad, posicionamiento en al campo y disciplina defensiva, al Atlético no le importó apenas poseer el 36% de la posesión ya que en todo momento dio sensación de superioridad. El 3-0 final no dejó lugar a dudas.

Ese día en Bucarest, no sólo llegó un título europeo más. Nació un estilo de juego y un equipo con una filosofa muy peculiar “el cholismo” que enterró mas de una década de mediocridad asumida a orillas del Manzanares con el fundamento de un colectivo capaz del máximo esfuerzo en el terreno de juego, una renovada mentalidad ganadora no exenta de realismo en cuanto a las posibilidades del equipo, así como la primacía del colectivo sobre las individualidades; 7un conjunto que pocos meses mas tarde conseguiría lo impensable: ser capaz de plantarle cara al Barça y el Real Madrid.



sábado, 6 de junio de 2015

EL TRASPASO DE FIGO CONMOCIONA EL INCIO DEL SIGLO XXI

En los días previos a la disputa de la final de la Liga de Campeones, surgió la noticia que Luis Figo era rechazado por el Barça para jugar en el partido de veteranos de Barça y Juve. Han pasado quince años, pero lo de su traspaso es una herida que el barcelonismo nunca dejará cerrar y, desde luego , goza el privilegio de ser el mas famoso y polémico de la historia.
Luis Figo era un extremo portugués que Johan Cryuuf trajo a Barcelona en 1995, como uno de los vértices de su fallido intento de recomponer el gran equipo del periodo 90-94. El técnico holandés salió del club un año después pero el internacional luso dio muestras de su gran calidad desde casi el inicio. Con el paso de los años se reafirmó como un pilar esencial del combinado azulgrana, no muy lejos en cuanto a aportación de la gran estrella brasileña, Rivaldo. Además gozaba de gran carisma entre la afición y llegó a convertirse en capitán; pero su ficha no estaba entre los mejores pagados del equipo, algo bastante injusto en función de la aportación del portugués sobre el terreno de juego.
Eran los últimos años del mandato de José Luis Núñez, un presidente que nunca había mostrado un especial aprecio por las figuras. De hecho, partía de la base que el equilibrio presupuestario del club no merecía esfuerzos extraordinarios por nadie, ya que por bueno que fuese un jugador siempre había posibilidades de sustituirlo. Lo aprendió cuando dejó marchar a Diego Armando Maradona, y justo el año siguiente ganó la Liga,  y lo había aplicado con jugadores de tanto nivel como Schuster, Laudrup, Romario o un jovencísimo Ronaldo. Así que cuando el representante de Figo, Jorge Veira le fue a reclamar un aumento, Núñez ni se inmuto: si no le gustaban sus condiciones su camino era pagar la clausula  de rescisión de 10.000 millones que tenía Figo, una cantidad que parecía fuera de cualquier equipo del mundo en ese momento.

En los últimos meses de la temporada 99-2000 se sucedieron los acontecimientos. El Real Madrid ganó su octava Copa de Europa y Núñez dejó de ser presidente del Barça tras 22 años en el cargo. Lorenzo Sanz, presidente madridista, decidió convocar elecciones de forma anticipada convencido que su éxito continental le dejaba el triunfo en bandeja y de hecho, así lo pensaba todo el mundo. Todos menos un hombre, Florentino Pérez, un importantísimo empresario de la construcción conocido en el mundo de las finanzas y que toda su vida había soñado con presidir el Real Madrid. En 1995 se había quedado a las puertas perdiendo por la mínima contra Ramón Mendoza y estaba convencido que este era su momento. Para sus planes jugó con tres argumentos: denunciar la caótica situación económica del Madrid, pese a los éxitos deportivos, una labor concienzuda de captar el voto por correo y vender a la parroquia un gran fichaje, que además sería el inicio de una política de contrataciones marcada por pagar cantidades desorbitantes por los futbolistas mas cotizados del momento. ¿Y qué mejor manera de comenzar que con el emblema del odiado rival?.
Para sus deseos Pérez curiosamente usó a una vieja leyenda del rival capitalino, Paulo Futre, estrella del Atlético de Madrid y en ese momento representante de jugadores. Futre y el agente de Figo, Veiga idearon un plan para convencer a Pérez que la operación era posible y consiguieron que Figo  se entrevistase con el candidato a la presidencia del Real.
Como ya se ha dicho en esas fechas nadie pensaba que Pérez tuviese oportunidad ante un Lorenzo Sanz, algo dormido en sus laureles y que apenas hacía campaña electoral. Después de horas de negociación Figo aceptó fichar por el Madrid si Florentino ganaba; en realidad lo que buscaba era presionar al nuevo presidente azulgrana (el Barça también vivía un proceso electoral tras la renuncia de Núñez) que saldría de la lucha de Joan Gaspart y Luis Bassat para mejorar su ficha, ya que no creía que Florentino saliese. Pero el constructor, que no las tenía todas consigo, puso una condición en el caso de que Figo se terminara echando atrás: si cualquiera de las partes no cumplía con su parte, indemnizaría a la otra con 5.000 millones de pesetas.

Cuando ante la sorpresa generalizada Florentino Pérez ganó los comicios a presidente del Madrid (en gran medida por su labor de captación de voto por correo) la bomba no tenía marcha atrás. Juan Gaspart, nuevo presidente azulgrana juró a Figo que le pagaría lo mismo que el Madrid y el internacional quiso dejar atrás su acuerdo con el Madrid, pero la clausula de indemnización establecida por Florentino ponía en un brete al agente de la estrella Jorge Veira, que tendría que pagarla de su bolsillo además de quedar descreditado como representante de jugadores para la posteridad. Un Figo angustiado  no tuvo más remido que cumplir con lo pactado y presentarse como el primer galáctico de la era moderna.
Con independencia de la calidad del jugador, el fichaje tuvo un efecto devastador sobre la presidencia de Gaspart. El club perdía a un símbolo y un referente emocional esencial. Los 10.000 millones de clausula pagados por el Madrid fueron gastados de forma precipitada en jugadores que o bien se lesionaron o dieron un rendimiento inferior al esperado. El equipo inició un periodo mas que oscuro de cinco temporadas sin levantar un solo título que acabó con la presidencia de Gaspart. Por eso quizá el rencor azulgrana hacía el extremo luso al que seguramente, se le hubiese podido retener si Núñez hubiese atendido algo sus iniciales pretensiones de aumento de salario.



sábado, 28 de febrero de 2015

EL ACHIQUE DE ESPACIOS CONQUISTA CHAMARTÍN

La temporada 1987-88 vino marcada por dos acontecimientos esenciales: fue quizá la del esplendor futbolístico de la “Quinta del Buitre” y Jesús Gil y Gil irrumpió en el panorama futbolístico hispano. Gil era un empresario de la construcción con un pasado algo turbio (había pasado por la cárcel tras el trágico derrumbe de su urbanización Los Ángeles de San Rafael, con el saldo de 69 muertes) pero su uso de la verborrea era inmenso y gracias al fichaje de Paulo Futre, estrella emergente del fútbol europeo esos años se alzó con el triunfo en las últimas elecciones a la presidencia que han celebrado en el Atlético de Madrid.
Los rojiblancos andaban algo decaídos: Vicente Calderón había muerto y el equipo venía de perder dos finales consecutivas: ante el Dinamo de Kiev en la Recopa del 86 en Lyon y ante la Real Sociedad en los penaltis, en la Copa del Rey del 87. Además veían su incapacidad de retener a figuras como Hugo Sánchez que, para mas inri, fue traspasado al Madrid. Gil volvió a convencer a la parroquia rojiblanca que se podía competir con los grandes de Europa y al fichaje del astro luso le unió el de veteranos como Andoni Goikoechea, López Ufarte, Marcos Alonso o del joven centrocampista Eusebio, procedente del Valladolid. Como nada más llegar se peleó con Luis Aragonés, tuvo que buscar entrenador y , tras intentar conseguir a Javier Clemente, contrató al argentino Cesar Luis Menotti.

Menotti, campeón del Mundo con Argentina en el polémico Mundial de 1978 y ex entrenador del Barça, siempre tuvo mas verbo que palmarés y nada más llegar empezó a utilizar como sistema táctico lo que el llamaba “achique de espacios”. Era una fórmula literaria de definir un modelo ya visto del que, eso sí, el argentino era una de los pioneros en usar:  desechar el marcaje al hombre y defender en zona adelantando mucho la defensa para hacer caer al contrario en fuera de juego; era un sistema defensivo con mucho riesgo que requería gran coordinación de la defensa y que , en caso de ejecutarse mal, dejaba al portero vendido. Su apuesta dio lugar a un intenso debate en la prensa sobre la conveniencia del mismo. Los resultados del inicio de Liga, sin ser espectaculares, parecieron dar la razón al argentino.
Mientras, el Real Madrid de los Butragueño, Míchel, Martín Vázquez, Buyo o Sanchís vivía un momento muy dulce: salió en tromba en la Liga con victorias en Cádiz (0-4), Sporting de Gijón (7-0) y Zaragoza (1-7) y eliminó al Nápoles de Maradona en la Copa de Europa. Luego lidió con el Oporto, el vigente campeón, al que le ganó en los dos campos por el mismo resultado (2-1). Tres días después de vencer en tierras portuguesas recibía al Atlético de Madrid en el Bernabéu. Por entonces los de Menotti eran los únicos que asomaban por la cabeza de la Liga cerca del Madrid.
El enésimo derby se jugó un 7 de noviembre de 1987. Ese día no dejó de llover en la capital y el campo se encontraba muy pesado. El Madrid venía de realizar un esfuerzo considerable en Oporto y el Atleti ese año no jugaba competición europea. Los rojiblancos salieron con Abel, Tomás, Juan Carlos, Arteche, Goikoechea, Alemao, Eusebio, López Ufarte, Landáburu, Futre y Julio Salinas. En el Madrid se saca a Buyo, Solana, Sanchís, Chendo, Tendillo, Michel, Martín Vázquez, Janckovic, Gordillo, Butragueño y Hugo Sánchez.
El Madrid tiene una buena oportunidad de marcar a los dos minutos pero Butragueño falla en el remate. Por el contrario el que marca el 0-1 es el Atlético por medio de Julio Salinas. Los visitantes estiran la defensa y adelantan sus líneas provocando numerosos fueras de juego en el Real, a cada avance madridista se le aparece el linier implacable levantando la bandera, lo cual lleva a la desesperación a los atacantes que tanto tino habían mostrado en los encuentros anteriores. Eso da confianza a los colchoneros que se asientan mejor sobre el terreno de juego y ven la posibilidad de ganar el partido. En la parcela ancha el internacional brasileño Alemao, se convierte en el dominador de la situación robando muchos balones y distribuyendo con la ayuda de Landáburu; en ataque la rapidez de Futre y la brega de Salinas provocan numerosos problemas a la retaguardia local y en defensa los centrales Arteche y Goikoechea cuajaron uno de los mejores partidos de sus carreras. Al final del primer tiempo se produce un robo de balón del Atlético en el centro del campo, tras una posible falta. Al acabar la jugada con parada de Buyo el árbitro, Enríquez Negreira, llama al yugoslavo Janckovic (un buen jugador que dio un excelente rendimiento durante el año y medio que estuvo) y le saca tarjeta roja, según el colegiado por insultarle tras no pitar la falta que casi cuesta un gol a su equipo.
Es la puntilla para el Madrid que, en inferioridad física, con un campo muy mojado y un rival que aborta casi todos y cada uno de sus ataques adelantando líneas, se ve a merced de un Atlético imponente sobre el terreno de juego. Una gran jugada de Futre hace el segundo y en la recta final, López Ufarte y Solana en propio meta remachan el concluyente 0-4, un resultado que daba la razón al técnico argentino que había fulminado al mejor equipo de la Liga con su atrevida apuesta. Casi veinte fueras de juego le fueron señalados al Madrid esa noche y hay que decir, que la casi totalidad fueron correctos.

Los cierto es que  esa noche de gloria no tuvo continuidad. Apenas una semana más tarde el Gijón ganaba en el Calderón (1-2) y los dos goles asturianos vinieron por errores de la defensa al aplicar la defensa adelantada. Con el tiempo se demostró que aquel Atlético no tenía jugadores precisos para ese sistema, además el paso de las jornadas demostró que la preparación física del equipo era bastante deficiente. Los colchoneros aguantaron la primera vuelta pero cayeron en picado a comienzos de la segunda y un enfurecido Jesús Gil, que había soñado con el título tras la goleada en el Bernabéu empezó a cargar contra jugadores y cuerpo técnico.
 Menotti pasó a inaugurar la inmensa lista de entrenadores fagocitados por Jesús Gil, precisamente tras perder el partido de la segunda vuelta (1-3) en campo rojiblanco, que señalaba el fin de sus opciones para pelear por la Liga. Gil habló entonces de "estafa argentina" y acusó al mundialista de ser un vago y no entrenar lo suficiente, el año siguiente contrataría a Maguregui, lo más opuesto en cuanto a forma de entender el fútbol que uno puede imaginarse.
Por su parte, el Madrid se paseó en la Liga pero vició el trauma de las semifinales perdidas en la Copa de Europa (su gran objetivo) ante el PSV. Un año más tarde otro equipo con gusto por las líneas adelantadas le infringió un concluyente 5-0, era e Milán de Arrigo Sacchi. El Atlético no le haría un 4-0 al Madrid hasta 2015, casi 30 años nada  menos y con otro argentino en el banquillo; Simeone.


TRAUMA AZULGRANA EN SEVILLA

A mediados de los años 80 aterrizó en Barcelona un entrenador inglés sin excesivo prestigio, Terry Venables, que ocupaba el puesto que en temporadas anteriores habían desempeñado nombres ilustres como Helenio Herrera, Udo Lattek o Cesar Luis Menotti. De forma sorprendente , y a pesar del traspaso de Maradona al Nápoles, el británico optimizó el rendimiento de una buena plantilla y el equipo se hizo con brillantez con la Liga 84-85, la primera desde 1974 (entonces al club le costaba décadas ganar Ligas).
No era de los mejores Barças de la historia, pero si tenía jugadores destacados del momento como Carrasco, Urruti, Víctor, Julio Alberto y Marcos Alonso y una gran figura, Bern Schuster, el mejor centrocampista de Europa que estaba en la plenitud de su carrera. En la temporada siguiente el equipo comenzó irregular y, aunque mejoró con el tiempo, no alcanzó al Real Madrid de Molowny, claro vencedor del campeonato de la Liga. De esa guisa centró sus esfuerzos en las competiciones a doble partido: llegó a la final de la Copa del Rey, en la que perdió de forma sorprendente con el Zaragoza de Luis Costa, aunque su gran sueño era la otra final que disputaría una semana y media después: la de la Copa de Europa.
Los culés hicieron una competición sobresaliente; eliminaron a dos cocos como el Oporto de un joven Futre, y al vigente campeón, la Juventus de Turín de Michel Platiní y Michael Laudrup, pero todo pareció irse al traste cuando el Gotteborg sueco vencía la ida de las semifinales por un contundente 3-0. Pero el equipo de Venables no se amilanó y en el partido de vuelta planteó un ataque total con una sorpresa en la alineación: el delantero “Pichi" Alonso que ese año había jugado mas bien poco. El ariete tuvo su noche mágica con tres goles de oportunismo, y se llegó a la tanda de penaltis en las que, ante el delirio del Camp Nou, el Barça ganó por 4-3.

Como al Barcelona le costaba tanto ganar Ligas y la Copa de Europa entonces sólo estaba reservada a los campeones del torneo de la regularidad, no eran muchas las oportunidades de ganar el preciado trofeo para los de la Ciudad Condal. En las dos anteriores ocasiones que la habían disputado rozaron el título: en 1961 llegaron a la final contra el Benfica pero perdieron por 3-2 en un partido en el que los Kubala, Luis Suárez y compañía estrellaron cuatro postes, y en 1975 con Cruyff el Leeds Unitds les eliminó en semifinales. En esta ocasión nada parecía interponerse para los barceloneses: el rival era el Steaua de Bucarest rumano, un sorprendente y meritorio finalista sin grandes figuras, que bastante había hecho con llegar a la final. Además el partido se jugaba en Sevilla, en el estadio Ramón Sánchez Pijuán y era la época en la que los países comunistas no permitían la salida al extranjero de sus ciudadanos con lo que todo el estadio tenía un color azulgrana. En definitiva contaba con mejor equipo y jugaba como en casa.
El día 7 de mayo de 1986 Venables alineaba a Urruti, Gerardo, Julio Alberto, Alexanco, Migueli, Victor Muñoz, Marcos Alonso, Schuster, Pedraza, Archibald y Carrasco. El partido resultó espeso; el Barça dominaba sin profundidad y los rumanos tenían claro que sus opciones pasaban por encerrarse atrás, esperar alguna contra o balón parado y, en su caso, llegar a la lotería de los penaltis. Todo el mundo pensaba que, tarde o temprano, el gol llegaría pero tal circunstancia no se produjo y el partido derivaba, inevitablemente, a la prórroga. En el minuto 85 salta la sorpresa. Venables decide meter a un defensa, Moratalla,  por nada menos que Schuster, capitán del equipo, máxima figura y especialista en el balón parado, una de las pocas opciones que parecían factibles para derribar el muro rumano. El alemán no se cree lo que le ordena su entrenador y se marcha enfadadísimo del terreno de juego. Se va al vestuario donde se cambia y decide no quedarse a ver el resto del partido. Cuando coge un taxi que le lleva al hotel, el taxista que está oyendo el partido, se queda atónito al comprobar la identidad de su viajero.
En el campo, más de lo mismo en la prórroga, ataque infructuoso del Barcelona al que no le activa ni la salida al campo del héroe de las semifinales, Pichi Alonso, y la final llega de forma completamente inesperada a los penaltis. Existe gran esperanza en Urruti, un guardameta vasco que tiene gran habilidad para detener penas máximas gracias a su agilidad y que, desafortunadamente, fallecería prematuramente en un accidente de tráfico a los 49 años en 2001. Pero en la portería contraria se presenta el enorme Helmuth Duckadam, un guardameta alto, de esos que parece ocupar la meta completa, y que son muy efectivos a la hora de afrontar las tandas de penaltis, en las que el cansancio y los nervios son los peores enemigos de los lanzadores.  Ante el delirio de la grada el meta culé detiene los dos primeros lanzamientos rumanos, pero de poco sirve porque Alexanco y Pedraza también fallan los suyos. El tercero del Steaua lo lanza su gran estrella, Lacatus, que lo transforma; por el contrario Pichi Alonso vuelve a marrar el tercero culé, una vez más detenido por Duckadam. Es turno del centrocampista Balint que no falla ante Urruti. El cuarto azulgrana le corresponde al delantero Marcos Alonso, héroe de la final de Copa del Rey ante el Madrid en 1983 con su gol en el último minuto, encara la portería y, de nuevo, el guardameta rumano lo ataja. Duckadam ha conseguido algo histórico: detener cuatro penas máximas en una final europea. Desde ese momento y para siempre será conocido como “el héroe de Sevilla” y recibido en Rumanía con honores de figura militar.

La desazón del barcelonismo fue inmensa; con todo a favor se había fallado de forma incomprensible , cuestión más dolorosa si se tiene en cuenta la entidad de los rivales que había dejado en la cuneta y que el otro finalista no parecía tan fiero. Se vuelven a reeditar fantasmas del pasado que asemejan a la entidad como un eterno perdedor de grandes citas y un Núñez frustrado busca un responsable: Bern Schuster, al que acusa de deslealtad e indisciplina y asegura que nunca volverá a vestir de azulgrana. Lo cierto es que el alemán no tuvo su mejor noche, pero su cambio por un jugador menor a falta de cinco minutos para el final pareció una irresponsabilidad del entrenador
Se tardó años en olvidar esa infausta noche que ha pasado a la historia como acaso la más triste del centenario club catalán.